FW: Las dos Españas

13 junio 2012

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Martes, 12 de junio de 2012


Las dos Españas




Escribo esta columna desde Londres; España es noticia. Ayer por
la noche, hoy es lunes, la radio del taxi hablaba de Spain.
Cuando me instalé en la habitación de mi hotel, la CNN y la BBC,
las grandes cadenas de televisión nos concedían una singular
cuota de pantalla.

Esta mañana he desayunado con Rajoy en la primera página de los
periódicos más influyentes. Por un lado, la ayuda concedida al
sistema bancario español a través del Fondo Europeo de
Estabilidad Financiera, es breaking news. No recuerdo en ninguno
de mis viajes al extranjero tal notoriedad mediática. Por otro,
el empate de España frente a Italia y la interrumpida final de
Nadal contra Djocovic confieren a nuestro país un doble y
contradictorio protagonismo. ¡Menudo contraste! La España
deportiva despierta respeto, admiración, temor, mientras la
España financiera y política provoca incredulidad y
desconfianza. Los pecados de incompetencia, tardanza, opacidad
informativa y contaminación política han sido de tal calibre
a algunos gestores, consejeros, sindicalistas y políticos
no sé como no se les cae la cara de vergüenza que la
Europa del norte ha dicho basta.

De la comparación de dos Españas tan distintas surge mi deseo de
que la España intervenida, rescatada, ayudada, vigilada
no nos perdamos en la semántica, el lenguaje no puede
camuflar un fracaso objetivo, aprenda de la España que
entrena, corre, suda, sufre y disfruta. ¿Qué apuntes debe tomar
la España que hoy nos sonroja y preocupa, de la España que nos
une y hace sentirnos orgullosos? ¿Qué lecciones deberían
memorizar e interiorizar nuestras autoridades de los Xavi,
Casillas, Gasol, Nadal, Alonso y compañía?

Subrayaría seis:

1. Talento. Lo que natura no da Salamanca no
presta. Detrás de nuestras hazañas deportivas hay mucho
talento. El que no sabe de finanzas, de economía, de empresas,
¿qué pinta en un comité de dirección, qué hace sentado en un
consejo de administración?

2. Trabajo. Nada es por nada. La labor de cantera que se viene
haciendo luce ahora sus frutos. Ves entrenar a los Iniesta,
David Ferrer, Juan Carlos Calderón, y entiendes su aptitud y
actitud para competir. Dicho esto, si no hay talento, prefiero
un vago somnoliento que un activista de la acción. ¡Qué ligereza
para conceder créditos!

3. Equipo. Incluso en deportes tan individualistas como el
tenis encuentras equipos formidables. Rafa no sería Nadal sin su
gente. Le preparan, exigen y arropan para la soledad tremenda de
la pista. ¿Cuántos consejos de administración tienen la sinergia
y complicidad de un equipo cohesionado?

4. Realismo. El deporte, en su implacable dialéctica,
victoria-derrota, deja pocos resquicios para esconderse. Las
excusas, mentiras, búsqueda de chivos expiatorios sirven de
poco. ¡Qué pena que no impere la misma lógica en las alturas del
maridaje política-finanzas! Nos hubiera ido mucho mejor si se
hubiera reconocido hace tiempo que habíamos entrado en una
espiral perniciosa de negación, que algunas cajas estaban
seriamente lesionadas, que unir cuerpos enfermos nos acercaba al
infarto. El primer error es inocente, lo malo es el segundo que
niega el primero optando por una respuesta soberbia, tardía e
irresponsable.

5. Juego limpio. Que el deporte-espectáculo-negocio se
encanalla a veces cuando priman los dos segundos sobre la
versión más romántica del primero es indudable. Sin embargo, a
la larga prevalece la justicia, casi siempre gana el mejor. La
historia reciente de nuestra economía muestra conductas
indecentes, retribuciones escandalosas, silencios estruendosos,
omisiones gravísimas. En suma, una estética dudosa, una ética
traicionada.

6. Capacidad de aprender. Esta es la actitud que se acurruca
detrás de cualquier epopeya humana. Entrenamiento,
perseverancia, paciencia, humildad, son los brazos fornidos que
llevan al talento en volandas. A este respecto, Nadal es un caso
único. Con 26 años, ocho ya en la cumbre del tenis, asombra su
disposición mental para mejorar. El año pasado la racha
consecutiva de derrotas ante Djocovic introdujo dudas y
fantasmas que ni el mejor Federer consiguió suscitar. Donde
antes había confianza surgieron voces interiores que
cuestionaban su arsenal de armas para competir con rival tan
agresivo y preparado. La última derrota, Australia, marcó un
punto de inflexión. En aquel increíble partido ya se atisbó lo
que está pasando ahora. Se sucederán victorias y derrotas, pero
el sello de una carrera ejemplar no lo discute nadie.

¿Aprenderán nuestros políticos, auditores y gestores del
bochorno de estos días? ¿Aprenderemos cada uno de nosotros? Si
nos consideramos espectadores pasivos de una película ajena, ya
se ve que no.

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